You are hereLuchas Internas: Versión 2.1 (Parte 2 - Capítulo II)
Luchas Internas: Versión 2.1 (Parte 2 - Capítulo II)
Continuación de la primera parte, ahora es cuando Tony jugará todas sus cartas para ganar una fallida felicidad..
Escribe Vincenzo Pedemonte
Claudia, que hasta el momento había optado por tomar una posición de relax frente a las embestidas de Antonio, al darse cuenta de cómo la atención de éste se desviaba hacia otros rumbos, decidió tomar el toro por las astas y tomar manos en el asunto. Se le declaró a Tony.
Tremenda batalla se libro en la mente de Benedetti. Muchas muertes y resurrecciones se dieron por este encuentro, pero al final gano Taen y decidió recibir de muy buena gana la propuesta de Claudia y dejar de lado el pasado y todo el dolor que ya fue llorado. Si bien no era Sole, esta chica valía la pena el esfuerzo y las humillaciones ya vividas.
Fue una relación explosiva, llena de altos y bajos, como una montaña rusa. A la vista de los dos tórtolos no existía nadie más que ellos y la vida empezaba en Antonio y terminaba en Claudia. Se quisieron como a nadie y se odiaron como a muchos, pues siendo tan similares sus formas de ser siempre encontraban alguna minucia por la cual pelear. Pero así son las parejas.
Fue un largo y bello verano, lleno de fotos y de recuerdos que ayudaron a afrontar a Benedetti todas las desgracias que le esperaban en su próximo año universitario. Además de las sorpresas ingratas y desagradables que el destino, parece, siempre tiene reservado para nosotros.
El comienzo del fin de Antonio y Claudia se dio cerca de la mitad del verano. La familia de ella habían estado de vacaciones en Madrid durante todas las vacaciones y la presentación inicial se hacia inminente, “después de todo, no todos los días Claudita nos trae un enamorado a la casa” había dicho con una risita la señora Campodónico, bella ella y de modales que serían de la envidia de Carreño.
La comida se realizó sin mayores complicaciones, total relacionarse era de las cosas más útiles que había aprendido Tony con Claudia, siendo ella toda una experta en codearse hipócritamente en las reuniones de su “daddy”. Pero luego de la cena viene la sobremesa y esta fue sin lugar a dudas una que Benedetti jamás olvidaría.
La actitud de la dueña de casa no fue la misma que tuvo el señor de la misma, ya que desde el inicio de la sobremesa empezó a bombardear a Tony con preguntas acerca de su familia, lugar de estudios, ascendencia y aspiraciones, tanto personales como políticas, “porque uno siempre debe aspirar a ser grande en la vida, hijo”, concluyó don Víctor después de su interrogatorio digno de la INTERPOL.
Pero a pesar de todo esto Tony aguantó estoicamente las embestidas de sus interlocutores y salió victorioso al final habiéndose metido al bolsillo tanto al señor como a la señora Campodónico Raéz. Todo esto causó un efecto singular en Claudia que no parecía satisfecha son lo realizado por su enamorado si no mas bien fastidiada.
Al terminar la reunión Antonio se despidió afectuosamente de toda la familia Campodónico y recibió sendos afectos de lo padres pero una frialdad y apatía de parte de la niña que fácilmente marchitaban un jardín entero en un solo instante. Y sin mas explicaciones Benedetti se fue.
Después de esta cena, tan particular, Claudia comenzó a poner una serie de excusas, algunas francamente estúpidas, para no ver a Antonio, lo cual lo sumió en un estado de depresión total, pero de esperanza incierta, que sacó a sus demonios una vez mas relucir.
Sintiéndose completamente fuera de sí ante la actitud de Claudia, Tony, no tubo nada más que hacer que botar su carga emocional en diversas manifestaciones artísticas no destructivas (el tipo puede llegar a perder el control y golpear las paredes a puño limpio). Pintó un poco, escribió poesía, y por supuesto escribió y tomo fotografías.
De estas dos últimas opciones resultaron: una página más de su diario, que esta consignada al final del capítulo; y una fabulosa colección de fotografías de nuestra capital, en donde se mostraban todas las facetas de la ciudad, desde las partes mas patéticas de ella hasta los lugares “bien” que todo el mundo conoce y frecuenta (o trata de frecuentar).
Esta colección fascinó al profesor Luján que declaró a Benedetti el mejor alumno que había tenido y decidió organizarle una muestra de sus fotos a toda la sociedad limeña en las instalaciones del instituto. Esto normalmente hubiera subido la moral de Antonio al tope y se lo hubiera restregado a Claudia en la cara (a pesar de estar juntos seguían siendo súper competitivos), pero ella había dejado de asistir al grupo de fotografía, lo cual reducía en gran medida las posibilidades de verse durante el día.
El final del verano se avecinaba y la conducta de Claudia empeoraba de manera geométrica hasta el punto de ya no verse con Tony ni una vez por semana. Ella justificaba este cambio diciéndole que tenía múltiples ocupaciones en los clubes de “daddy” y que tenía que ayudar a su “mommy” en la organización de diversas actividades pro fondos.
Pero siendo Tony ningún tonto algo no le parecía del todo normal, hasta antes de la cena miss Campodónico siempre había renegado de sus padres y de sus benditas actividades sociales. Ella siempre se había pintado como una chica rebelde a la cual la vida “snob” no le caía nada bien. Así que este repentino cambio de actitud y de colaboración para con sus padres no parecía del todo cierto.
idad de la señora Campodónico y averiguar de una vez por todas si su querida enamorada lo seguía queriendo de vuelta o ya le había dado la espalda.
La tarea no parecía nada sencilla pero no era imposible. Viendo que su exposición de fotografía se avecinaba, Tony le pidió encarecidamente al profesor Armando si era posible que le consiguiera una invitación para la fiesta de fin carnavales que organizaba el club de alabanciosos de Barranco (dicho sea de paso, ellos era los que financiaban el instituto de fotografía) aduciendo que quería conocer a la gente de antemano a las personas que iban a asistir a su muestra fotográfica, cosa que pareció de muy buen tino a Luján, el cual accedió con gusto.
Las fiestas de fin de carnavales del club de alabanciosos de Barranco eran míticas en los círculos altos de la sociedad limeña, ya que todo el que era alguien estaba invitado y participaba de ella. Esta fiesta, a la vieja usanza europea, era de disfraces, lo cual de mucha conveniencia para Tony, que encontraba en esto una oportunidad de “atrapar con las manos en la masa” a Claudia y de una vez desenmascarar su mentira, que para él era demasiado obvia y cínica. ¡Que sorpresa se iba a dar y cuanto iba averiguar en la dichosa fiesta!