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El corazón del gigante


By admin - Posted on 09 September 2005

Inédito cuento del joven escritor basado en el amor y la amistad. Un gigante, un zorro y un pajarillo van en busca de un corazón dejando una aleccionadora lección.

Un cuento de Arturo Valverde

Este era un gigante que había perdido su corazón.

Todas las noches, el acongojado gigante, pasaba largas horas sentado junto a la ventana de su castillo, dando rienda suelta a su inconmensurable dolor, aflorando de sus negros ojos pesadas y prístinas lágrimas de sufrimiento. Y allí se quedaba. Horas tras horas. Todas las noches llorando y llorando; y en su lamento clamaba al cielo estrellado por su corazón.

Hacía tiempo ya que había extraviado su corazón en el bosque, o quizás no fuera en el bosque sino en el castillo de alguno de sus amigos gigantes también como él, o tal vez nunca había tenido uno y, hoy, de repente, necesitaba sentir el latido de uno. Pero el gigante no podía recordar. Era muy olvidadizo. Por lo que todos los días solía perder alguna que otra cosa.

Desde muy niño, su madre siempre tenía que coser su nombre en sus pantalones, en sus chompas, incluso, en sus largos y enormes calzoncillos por temor a que este los perdiera algún día por descuido.

Pobre gigante, todo lo perdía: su pelota, su cometa, sus zapatos viejitos y gastados. Todo lo perdía el muy irresponsable.

Cierto día cuando el gigante lloraba apoyado sobre el marco de la ventana de su castillo, se apareció un pequeño pajarito color azul violeta, hermoso en su plumaje. Se posó a su lado, para descansar de su largo viaje, y al percatarse de la tristeza del gigante, le preguntó:

–“¿Por qué lloras, gigante?” –dijo el pajarillo mientras se peinaba con su pico, ordenando sus plumas alborotadas por el viento.

–“Lloro porque he perdido mi corazón... Todos los días pierdo algo... Soy un gigante muy irresponsable...” –decía, y volvía a sumirse en llantos el desdichado.

–“¿Tu corazón, dices?”, “¿Cómo es eso posible?”.

–“Sí, mi corazón. Verás –dijo el gigante– cierto día o quizás cierta noche, creí apropiado salir a pasear por el bosque, cuando me encontré con un zorro... era un zorro viejo, muy viejo... que lloraba al pie de un árbol... y al pasar por su lado le pregunté: “¿Por qué lloras, zorro?”, y este me contestó: “Lloro porque no encuentro un corazón más grande que el mío, y les he prometido a mis amigos zorros del bosque, que encontraría uno, y se los demostraría...”. Entonces... –y el gigante hacía un gran esfuerzo por recordar lo ocurrido– le enseñé mi corazón al viejo zorro. El zorro lo escudriñó con paciencia. Como si confundiera mi corazón por un diamante, y luego dijo, ansioso: “¡Préstamelo gigante!, ¡préstamelo!, préstame tu corazón para enseñárselo a mis amigos zorros, luego te lo regreso... Confía en mí”.

–“¿Y que hiciste tú, gigante?” –preguntó curioso el pajarillo.

–“Se lo presté”.

–“Pero gigante, tú no has extraviado tu corazón... ¡tú has sido engañado!. ¡Te han robado!, ¡han robado tu corazón!”.

–“¿Robado?, ¿engañado?” –se sorprendió el inocente gigante–. “¿Qué significan esas palabras que has dicho?”.

–“Ay gigante, acaso nunca te han advertido... Nunca debes dar tu corazón a un desconocido; mucho menos a un viejo zorro del bosque. El corazón es el tesoro más grande que un gigante puede tener...” –decía alterado el pajarillo.

Entonces el gigante, rápidamente se dio cuenta del gran error que había cometido al confiar su corazón al viejo y astuto zorro, y se dispuso a recuperarlo. Para el gigante, era muy pero muy importante su corazón, porque sin él no podría nunca volver a maravillarse de la belleza de las flores, o deleitarse con la música de las aves, y menos aún conocer algún día el significado del amor y la amistad .

Pero ahora que el pajarillo azul violeta lo había alertado y aconsejado, buscaría al zorro en el bosque hasta encontrarlo y así, recobraría su corazón...

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Entonces el gigante corrió en dirección al bosque, pero le era difícil recordar el camino que lo llevaba hacia la guarida del zorro. Sin embargo, el pajarillo volaba y volaba sobre los árboles, y siendo este más veloz que el gigante, le mostró el verdadero camino, indicándole donde se escondía el astuto zorro.

Ya en la guarida de los zorros, todos se burlaban de todos, hasta del gigante...

–“¡Que tonto el gigante!” –decían.

–“¡Que tonto!” –y reían todos.

–“¡Entregarme su corazón... que iluso y confiado es ese gigante... ahora lo venderemos y nos darán muuucho dinero por un corazón tan grande como este... jajaja” –se carcajeaban.

–“¡Jajajajaja...!”

De pronto, el gigante se abrió paso entre los árboles y molesto, con el seño fruncido, se quedó observando a los zorros que jugaban con su corazón, ya maltratado y sucio.

–“¡Es el giganteeee!” –dijo uno, alertando a sus compinches.

–“¡Sí, soy yo, y ustedes los zorros que me engañaron...” –exclamó el gigante al tiempo en que los zorros corrían alborotados–. “¡Ustedes robaron mi corazón y traicionaron mi confianza!”.

–“¡Perdónanos, perdónanos!” –pidió el zorro más viejo; sin embargo el gigante estaba decidido en castigar a los crueles zorros.

–“¡No nos hagas daño, por favorrrr¡” –clamaban.

–“No nos pegues gigante... ten compasión de nosotros...” –rogaban los zorros.

El gigante estaba muy molesto, y decepcionado a la vez. Por lo cual quería reprender a los malvados zorros por haberlo engañado. Pero cuando estuvo a punto de atizarles un duro golpe con su enorme puño, fue detenido en el acto por el pajarillo...

–“¡No, gigante!, ¡no lo hagas!” –le impugnó.

–“¡Pero ellos han sido malos...!”, “¡Traicionaron mi confianza...!”.

–“Sí, es cierto; pero tú tienes un corazón muy grande y debes aprender a perdonar... Porque es muy difícil para un zorro luchar contra su propia naturaleza... recuérdalo siempre gran amigo” –alegó el pajarillo.

El gigante, se avergonzó por lo que estuvo a punto de hacer, y cogiendo su gran corazón lo limpió con un pañuelo, y lo abrazó con fuerza contra sí. Luego, lo colocó en su pecho, para nunca más prestarlo a ningún zorro malicioso.

Y desde ese día, hasta hoy, el gigante atesora su corazón con mayor cuidado y alegría a la vez. Pero muchos cuentan, que el gigante obsequió la mitad de su corazón al pajarillo en muestra de amistad , y amor .

Arturo Valverde

13 de Enero del 2005

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