You are hereESCRITO O LEIDO
ESCRITO O LEIDO
¿Se ha puesto a pensar alguna vez cuando empieza y cuando termina realmente de uno la aventura de leer un libro? ¿Es cierto que aquel sabor o felicidad o desdicha que siente uno al terminar un libro es lo que realmente marca el final?
Escrito por Miguelángel Quiroga
Cuando termino un libro me doy cuenta que el verdadero final se da cuando cierro el libro y no lo vuelvo abrir más. No importa si el libro tiene 365 páginas. Puedo llegar a la número 100 y juntar bruscamente la portada y la contraportada y no abrirlo nunca. Tal vez con ello sólo hallé un final inconcluso, pero es mi final, el final que yo le quiero dar.
Puedo dejar de leer o dejar de escribir, como también, puedo seguir leyendo o continuar escribiendo, pero una vez que se llega al final, se acaba la historia, la novela, el drama, el cuento. Pero después de ello ¿Qué? ¿Qué sucede si con el tiempo o al instante uno no queda conforme? ¿Qué hacer si las inquietudes te empujan a volver a leer o escribir la misma historia, el mismo libro?
Quizás el afán de volver a escribir o volver a leer el mismo texto sea porque se tiene la ligera sospecha de que vimos cosas que nunca existieron o peor aún, que obviamos cosas que a primera vista se muestran tan evidentes.
Puede ser que antes de conocer el final decidimos darle un final inconcluso y cerramos el libro, y después de un tiempo estuvimos tentados a retomar nuevamente la lectura. Tal vez, porque vimos la historia agonizar en su mismo prólogo, tal vez porque aunque no fue evidente al principio ahora se siente tanta dependencia por escribir el final o siquiera leerlo; tal vez, porque al tropezarnos con otra historia, con otro cuento, llegamos a saber lo que siempre supimos, que solo el final de una historia antecede el principio de otra.
Cuando se termina un libro, se tiene un sabor (a veces sin sabor) de satisfacción o desdicha, las causales de ello son muchas y las conclusiones de las mismas son pocas; y casi siempre esto se debe a que la mayoría de nosotros apostamos siempre por los caprichos del destino y abandonamos la idea de ser nosotros los arquitectos del mismo, o en otros términos: leemos resignadamente lo que nos cuenta un libro y no tomamos la pluma para escribir uno. Y es que amigos, la vida, el amor, la familia, la amistad, entre otras cosas, son un libro, una historia, una novela, un cuento. ¡Decidid de una buena vez si quieres leerla o escribirla!