You are hereLa infancia duerme en libertad
La infancia duerme en libertad
¡¿Dónde esta mi libertad?! Así culmina un monólogo escrito con excedente tristeza y nostalgia a la niñez. Un grito desesperado lleno de tripa y duda. Ingrese a un texto que lo hará reflexionar.
Un monólogo de Migueángel Quiroga Tavera
Recuerdo que de niño siempre llegaba a ser libre. No necesitaba conocer la literatura, la poesía o la historia de la revolución francesa junto a las independencias de los pueblos. ¡No! Bastaba cerrar los ojos y dejar volar mi imaginación para serlo. Podía ser un súper héroe, el mejor jugador de fútbol, un asesino capaz de matar a mis amigos con mis rayos láser, un súper técnico con conocimientos de mecánica para transformar mi patineta en un auto de carrera como el de Michael Schumacher. En fin, jugar a toda hora y en cualquier momento, sin presión alguna e ignorando que los años pasan y que en el transcurso de ellos sin que nos demos cuenta ya no seremos infantes, solo personas grandes que perdieron a aquel niño juguetón y a la propia libertad de poder volver a serlo.
Y es triste ser conciente de estas cosas, aún cuando las veamos brillar desde lejos, puesto que el tiempo pasa y con ellos está la bella infancia, aquella que estuvo a puertas abiertas durante su periodo para dejar entrar la libertad en nuestra mente y dejar absuelto nuestro corazón de preocupación alguna.
Pero, cómo extraño mi libertad de infante, y lo digo hoy en una edad que no marca las horas. `¡Cómo la extraño!. Y aunque en mi hogar no siempre fue paz y armonía siempre estaba el consuelo aquel, esa esencia sin nombre, sin tacto y sin color. Aquel refugio efímero que sosegaba tanto. Podía yo, tener un padre alcohólico y una ausencia maternal (que luego comprendí) pero siempre estaba esa esencia que me hacia pensar en jugar y jugar, escapando cautelosamente de aquellos problemas de los cuales muchos infantes, lamentablemente, aún padecen, pero podía, y aunque no durara mucho el trance de ser un súper héroe u otra clase de cosa, me sentía libre.
Ahora no, no puedo escapar al pensamiento siniestro, por ejemplo: dónde encontraré trabajo para vivir; cómo olvidaré aquella chica; cuándo dejaré o me dejará la soledad; qué le tengo que decir para que me perdone; ¡Ojala que le venga su mes!; Qué voy a hacer para comprarle “esto” a mi hijo, para darle de comer, de vestir; qué haré si me pide el divorcio; estoy desempleado, ¡qué haré!, etc. Cosas de gran importancia y otras no tanto, pero de una u otra forma son cosas que invaden nuestra mente y que es imposible escapar de ellas, hasta nos perturban el sueño convirtiéndolo en un desvelo esporádico y luego en un insomnio eterno.
Desearía encontrar la receta para obtener nuevamente el derecho a aquella esencia, a aquella libertad de infante con la que era grandioso convivir y hasta servir, pero como dije líneas atrás, no sé su nombre, forma o color. Sólo sé que a la hora de estar triste era el remedio instantáneo para dar fin a la enfermedad y condenar cualquier diagnostico prematuro que pretendiera difamar al envasito sin nombre.
Está demás buscar dicha esencia, no queda más que caer en los caprichos de la vida, sobre todo aquel capricho egoísta que nos condena a ser adultos dejando de ser niños, lo cual a mi criterio y sentir es injusto pero en este mundo no nos dan a escoger las cosas como tantas otras, no, en absoluto, lo único que nos queda es observar a los niños y tratar de descubrir a esa esencia sin nombre, sin tacto y sin color. Pero si por allí alguna vez descubren una pista certera y la siguen fielmente hasta encontrar algo de esta anhelada esencia, os ruego de mi parte, le griten ¡¿dónde está mi libertad?!