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En boca del reggaeton
El Perú tiene su flown. Es el baile de moda y ha escandalizado a la sociedad. En el Perú se cocina uno de los mejores ritmos de la región. A una semana del concierto de Don Omar en Lima, la fiebre continúa.
Una crónica perruna de David Gavidia
El perreo tiene la virtud de ser un baile que atolondra el pecado y enorgullece el bajo vientre. Es una danza que incita y excita. Que se halla entre los ligamentos de lo marginal y la modernidad. Es el baile que, con sus sinuosos pasos, se adueñó de las fiestas de ricos y pobres. De discotecas y polladas. El reggaeton es, entonces, un género que pinta como religión, un fenómeno de guapos y achorados, o, de blancos vestidos de “faites”. Allí, donde se oye un sandungueo, hay una danza por mostrar y una historia por cantar. “¡Quieres chuculum, toma, toma chuculum!”.
“No, eso del escándalo nació por los bailes, pero ya cambió. Lo chiquillos ahora lo toman como un deporte,una alucinación, algo que difícilmente morirá”, dice Manuel “Loco” Scoot, animador de la discoteca Honey de Independencia. Junto a él, Dj Michael. “La gente ya no ve el perreo como una pendejada”, afirma en un instante de alucinación: las luces se encienden, ocho niñas mueven las nalgas sobre un atril, cuatro mil almas gritan, solicitan: “¡Queremos más perreo!”. Es domingo, 6.30 pm. La disco es un juerga, el reggaeton se muestra en todo su explendor.
LA CULTURA PERREO
Desde su llegada el reggaeton invadió de a pocos las fiestas de barrio. Primero en el Callao, luego en San Juan de Lurigancho. Como sea, la música se oía en zonas de baja estofa y harto lumpen. “El vivir en zonas bravas nos ayuda a ver el mundo y escribirlo. Además, vencemos el subempleo juvenil”, cuenta la gente de New Port. Referente al tiempo. “La movida en el Perú tiene al menos 10 años, pero no era tan conocido como ahora. Daddy Yankee fue el gestor de la masificación, si nunca hubiera sacado La Gasolina no se hubiera dado el fenómeno. Ahora todos mezclan su música con nuestro ritmo, incluso existe el Huaynotón”, cuenta Kale, del grupo 3Mc Boom.
Y es que la fama de este género ya sobrepasó los límites, algo muy parecido a lo sucedido con la chicha y tecnocumbia. Incluso, ha logrado que muchos de estos jovenes talentos logren ascenso social. Miky Santana -quien canta el Chuculum- tiene ahora una serie de peluquerías y Spas en Villa María del Triunfo. Otros planifican sus productoras, construyen su casas, viajan a Europa, y como si fuera poco, se alista un filme que será dirigido por Juan Carlos Torrico donde se contará la historia de este fenómeno musical en nuestro país.
“Es que en el Perú se cultiva uno de los mejores ritmos de la región.
Estamos al nivel de Puerto Rico”, justifica con satisfacción Mc Francia.
Pese a la fuerza que éste género a consitado, para el psicólogo Rolando
Arellanos, el reggaeton es parte de una moda pasajera, “más si se trata
de una música importada”, señala. “Además, es la demostración de que la
música de los sectores bajos puede conquistar a los de arriba”.
TONO,PERROTECA Y PLACER
“No seas tímida rompe abusadora. ¡Rompe el suelo con la batidora!”. Don Omar y sus autopergaminos del Rey del Reggaeton suenan en la disco. Es
las 8 pm. En el escenario nueve parejas se preparan a iniciar el concurso. Quien perreé mejor se convertirá en miembro vitalicio del lugar. No pagarán más, entrada alguna. Mientras, tiritan las luces,comienzan las pistas, 45 guardias evitan los pleitos y el consumo de alcohol.
Entonces, Katy (15), se monta sobre la pelvis de su pareja, junto a ella, Gladis (16) dejar caer su columna y brazos para tocar el suelo moviendo las caderas. Es la pose habitual del perreo. “¿Qué sientes?”, se le pregunta a una de ellas. “¡Rico!”, contesta cuando sus piernas se trenzan con la cintura de un sujeto, este le jala los cabellos, saca la lengua, mueve la cabeza, es cierto: se trata de sexo con ropa. Entonces parece una batalla de contorcionistas: se tiran al suelo, se paran, se arrodillan, mueven las caderas, el pecho, los hombros, los pies. Sudan, se mojan, lubrican. El placer (en el baile) es mutuo. Y así lo hacen por 15 minutos. Es hora de declarar al ganador.
Katty es una de las elegidas. Se siente la estrella del lugar. “No hay mejor baile que este, solo hay que saber moverse”, dice. La juerga continúa, la perroteca convulsiona. En el fondo se forma una trifulca, pero estos son arrojados del lugar. No hay espacio para la violencia. La sodoma sigue dentro. No tiene cuando acabar. El perreo, no es solo chuculum.