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Música clásica para niños: desarrollo intelectual y espirit
Entrevista. Abraham Padilla
Les acercamos algunas palabras del director de la Orquesta Sinfónica , Abraham Padilla, sobre la importancia que tiene la música clásica en el desarrollo artístico e intelectual de los niños.
Una entrevista de Miguel Armas
– ¿Qué significa organizar conciertos para niños?
–En primer lugar, concierto para niños no sólo indica que son niños de edad, sino que todo el que va debe tener una actitud de querer descubrir y aprender. Y en nosotros significa enseñar un poco, entregar no solamente el producto terminado sino también mostrar el proceso musical.
Se les pretende explicar a los niños de qué consiste, de qué trata la obra, apelar a su imaginación, dejarlos pensando y generarles la curiosidad por este mundo que capaz no conocen mucho.
– ¿Qué diferencia existe con los recitales que usualmente prepara la Orquesta Sinfónica ?
–Radica en el enfoque general. Todos los conciertos tienen un tipo de objetivo, considerando que el público tenga algún nivel de identificación con la obra. En el caso de un concierto para niños el repertorio de obras está pensado para que les guste a los pequeños, propiciar una conexión con la música. En esto influye un poco la duración de las obras, pues no podemos estar ajenos a una sociedad que está acostumbrada a las canciones de tres minutos, donde una obra de media hora puede dificultar su capacidad de concentración permanente.
Siempre hay una experiencia inicial para muchos niños, y por lo tanto nos interesa que sea una buena experiencia; que el elenco de la Orquesta Sinfónica sea amigable con ellos.
– ¿Cuando menciona la parte didáctica a qué se refiere?
–Nos referimos al explicarles a los niños, y algunas personas adultas que pueden no saberlo, cómo funciona una orquesta. Qué instrumentos componen la orquesta y como se ejecutan. En segundo lugar nos abocamos a la música en sí misma, qué implica escucharla y hacerla. Luego vemos qué es una composición musical, como se arma y logra. También apelamos a la imaginación directamente, en este caso poniendo obras descriptivas de situaciones; como en el caso de “Moldaba”, donde se cuenta la historia de un río.
Finalmente lo que nos interesa es que el niño, que luego será integrante de la sociedad, perciba que la creatividad, la imaginación, nos permite acceder a mundos nuevos y crear cosas que no existen. Ya no solamente como una expresión del alma artística sino como forma de solucionar problemas concretos de la sociedad: ese es el aporte social del músico, del artista.
–Estudios recientes arrojaron que la exposición a obras de Mozart pueden elevar la capacidad intelectual en un diez por ciento. En el caso de un niño me imagino que esto puede ser muchísimo más beneficioso...
–Por supuesto, no solamente Mozart sino muchos otros compositores. La exposición a la música es una actividad que genera conexiones neuronales complejas. Para empezar tenemos muchos planos sonoros, ritmos simultáneos distintos, y por lo tanto tiene la capacidad de contribuir con la organización temporal y espacial del cerebro. También se beneficia la lateralidad, el hecho de tener dos o tres instrumentos tocando cosas distintas en simultáneo logran una alta capacidad de organización mental en el niño.
–¿Qué le diría al padre de familia que tiene la posibilidad de llevar a sus hijos a los diferentes conciertos de la Orquesta Sinfónica ?
Aquí hay algo importante: los niños van al concierto pero no van solos, tienen que ir con sus padres o con alguien que los lleve. Pero esta vivencia de compartir un adulto con un niño, con los hijos, ingresar a este mundo y ponerse al mismo nivel es como cuando un padre comparte juegos con su hijo. Un niño con capacidad de imaginación es un niño con capacidad expresiva, y necesitamos eso en la sociedad.
Esta experiencia puede abrir el corazón del papá, y que los niños sean testigos de eso es una lección muy educadora. La experiencia de asistir con tus padres es algo que no se olvida, y lo digo por que lo he vivido: una comunicación que trasciende las palabras.