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"Hoy descubro en cada cosa belleza o canto"
“Hoy descubro en cada cosa belleza o canto”
Compositor y poeta, Oscar Corcuera nació en Contumazá (Cajamarca) el año de 1926. Artista plástico de vocación, ha merodeado, y retorna en simultáneo, a la expresión de diversas temáticas como: el paisaje, las marinas, el retrato, los caballos y abstractos.
Una entrevista de Miguel Armas
Un artista cuya necesidad – de obsesión humana – por crear ha formado en su taller todo un batallón de obras apiñadas que, agrupadas por temas, esperan con impaciencia su exhibición al público, al mismo tiempo que miman al creador que siente orgullo por todas y cada una de sus criaturas.
Los que lo conocen lo acusan con cariño de “cachivachero”, por recoger un sin fin de objetos que nosotros juzgamos de inservibles: trozos de tecnopor, piedra, pequeñas cortezas, sillas viejas, sartenes usadas, y un gran etcétera. Al mismo tiempo, con sorpresa encontramos que la mayoría de estos objetos ya han sido convertidos por la mano de Corcuera en obras artísticas. Ahora ellas son: sillas en cuyo respaldar se dibuja un paisaje andino, un retablo hecho de tecnopor, una piedra que cobra expresión, una ramita cuyo tallado le ha dado brazos.
–¿En la medida de cuánto están presentes en sus obras las primeras vivencias de su tierra natal, Contumazá?
–Bueno, las vivencias relacionadas con mi tierra se mantienen latentes, desde siempre. Desde que salí, muy joven. Estoy permanentemente vinculado con la gente del lugar y también llevo en mi mente ese recuerdo permanente de mi pueblo, al que de cuando en cuando regreso. Las primeras pinturas de paisaje las hice en mi tierra, al igual que mi primera exposición individual. Podría decirse que yo soy un tipo ‘querendón’, de aquellos que se aferran y quieren la cosa nuestra, en este caso la tierra.
–Supongo que luego ha ido añadiéndose a este primer sentimiento, el cariño por nuevos lugares recorridos
–Se va ampliando, porque yo soy un enamorado de mi país. He viajado por muchos países del mundo: América, Centro América, Estados Unidos, Europa, pero cuanto más viajo más quiero a mi país.
Más descubro que vivimos en un país que tiene cosas increíblemente bellas, de las cuales debemos sentirnos orgullosos. Además, más que mirar a los grandes pintores extranjeros, primero debemos ver nuestras raíces, preguntarnos por una época, tal vez, pre-incaica, sobre la cultura Nazca, de los tejidos Paracas, y sobre esa base elaborar nuestra obra, como de alguna manera trato de hacerlo.
Por otro lado he viajado por el Perú, tanto en la costa como en la sierra. Yo soy una persona que podría decirse de dos vertientes: nací en la sierra, pero he vivido mucho tiempo en la costa; en el puerto de Salaverry he pasado parte de mi niñez y luego grandes temporadas en Supe, como también he pasado tiempo en Punta Negra. Entonces, me gusta el tema andino, como me gusta el tema marino enormemente, y no dejo de practicarlos; tengo tal cantidad de cuadros de uno como de otro.
–Usted que ha transitado por casi todas las técnicas y un gran número de temáticas. ¿Cómo se da este proceso, por etapas o en simultáneo?
–Yo diría que simultáneamente hago diferentes cosas. Ya estoy haciendo un tema andino, como estoy haciendo una pintura abstracta. Estoy probando nuevos elementos, y estoy siguiendo con la cosa tradicional que es habitual en mi manera de pintar. No mantengo un proceso lineal, en muchas ocasiones estoy haciendo una y otra cosa.
–¿Cuándo fue que comenzaron a unirse diversas técnicas en una misma obra y la exploración de nuevos materiales como bases?
–Con la experiencia, con la práctica, el trabajo permanente de los años, uno va afinando, descubriendo, encontrando, enriqueciéndose y gustando de una serie de cosas que muchas veces pasaron desapercibidas. Hoy descubro en cada cosa belleza o canto, algo que a través de ellas puedo yo hacer. Llámese papel, llámese, cartones, deshechos, retazos, etcétera.
–Usted realizó una exposición de trabajos en base a retazos de tela...
–Sí, una de las cosas más celebradas de mis obras fue la exposición de retazos. Aquí en casa, mi señora y mis hijas son muy aficionadas a la costura; ellas hacían sus propios vestidos, confeccionaban su propia ropa. Se juntaban grandes cantidades de retazos que se regalaban o se botaban. Recuerdo que llego un momento, yo mirando este permanente trabajar de ellas, en que les dije que no botasen los retazos, acumulándose gran cantidad de ellos, mientras que ellas me preguntaban por qué juntaba yo tanta ‘basura’. Entonces un día agarré esa cantidad de retazos, se acostaron ellas, preparé varios cartones, tijera y cola, y principié a cortar y pegar estos retazos. Así nacen los cuadros: la casualidad, las circunstancias, el interés por un material con el que descubro que puedo hacer algo.
–Tengo entendido que al poeta Francisco Vendezú le gusto mucho esta serie de “retazos de tela”, tanto que le hizo el prólogo a su catálogo
–El poeta Bendezú, que efectivamente me hizo el prólogo al catálogo de la exposición, cuando lo invité para que viese estos trabajos le gustaron mucho. Me dijo: “Voy a investigar quién a expuesto en el Perú retazos antes que tú. De no ser así serías tú el primero en esta técnica.” Después de quince días volvió y me dijo que no había encontrado ni en revistas, periódicos, colecciones ni en conversaciones con sus amigos que alguien halla hecho una exposición de retazos. Entonces invité a Bendezú a que le ponga los títulos a mis cuadros. Francisco Bendezú le puso título a todos, y luego se hizo la exposición que gusto mucho.
La muestra salió interesante por dos motivos: primero, porque me resulto menos costoso que comprar óleos, ahorraba mucho material de pintura, utilizaba sólo una tijera con un poco de cola; y segundo, les dije que era una especie de pintura protesta, porque lo materiales estaban muy caros y el gobierno no apoyaba poniéndolos al alcance de los estudiantes, y por lo tanto los que sentimos el arte y deseamos seguir pintando tenemos que ingeniarnos para hacerlo con otras cosas más al alcance.