Todo adiós es triste. Nos dejó y el maestro de la crónica, le entrega un homenaje.
Una reflexión de Eloy Jáuregui
MURIÓ CON NOSOTROS Y CONMIGO.
TODOS SE ACORDARÁN DE ÉL.
Pablo Guevara / Lima, 1930 - 2006
Poeta, profesor universitario y cineasta. Premio Nacional de Poesía en 1954 y Primer Premio COPÉ de Poesía en 1997.
Obra Poética: Retorno a la creatura (Madrid, 1957), Los habitantes (Lima, 1965), Crónicas contra los bribones (Lima, 1967), Hotel del Cusco y otras provincias del Perú (1972), Un iceberg llamado Poesía (Lima, 1998), La colisión, ópera marítima en 5 actos: Un iceberg llamado Poesía, En el bosque de hielos, A los ataúdes, a los ataúdes, Cariátides, Quadernas, quadernas, quadernas (Lima, 1999).
Pablo Guevara Miraval (1930) nació en Lima. Hizo sus estudios en la Universidad Católica y en la Universidad de San Marcos, donde se graduó como profesor. Viajó a Europa y tuvo largas estancias en España y Dinamarca. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Retorno a la criatura (1957), Los habitantes (1963), Crónicas contra los bribones (1967), Hotel del Cuzco y otras provincias del Perú (1971), La colisión (1999).Los libros y los poemas, dice Alfonso Reyes, son como los hijos, los engendramos, los vemos nacer con alegría, les ponemos nombre, los corregimos y un buen día van por el mundo independientemente de nosotros. Así le ocurre a Pablo Guevara con sus primeros poemas, los de Retorno a la creatura de 1957. Esos textos, alejados de la sensibilidad actual del poeta, han calado en sus lectores, han llegado a la universidad, a la escuela, e inclusive a aquellos que no leen habitualmente poesía.
Hoy murió Pablo. Tenía 76 años. Dos enormes poemas suyos sólo para seguirlo queriendo.
MI PADRE
Tenía un gran taller. Era parte del orbe.
Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos,
él cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida.
Con Forero y Arteche. Siempre Forero, siempre
con Bazetti y mi padre navegando en el patio
y el amable licor como un reino sin fin.
Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas
que alcancé a acariciar. Fue pobre como muchos,
luego creció y creció rodeado de zapatos que luego
fueron botas. Gran monarca su oficio, todo creció
con él. La casa y mi alcancía y esta humanidad.
Pero algo fue muriendo, lentamente al principio;
su fe o su valor, los frágiles trofeos, acaso su pasión,
algo se fue muriendo con esa gran constancia
del que mucho ha deseado.
Y se quedó un día, retorcido en mis brazos,
como una cosa usada, un zapato o un traje,
raíz inolvidable quedó solo y conmigo.
Nadie estaba a su lado. Nadie.
Más allá de la alcoba, amigos y familia,
qué sé yo, lo estrujaban.
Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de él.
CRISTINA
Y es en el oval de la mejilla que camina,
hija a mi lado, el esquife más pequeño
que tengo, el más dorado de todos,
donde está la proa de mi amor.
Y en el tan dulce pelo que es,
dorado del Botticelli, trigo de Teruel, Jauja o Kiev,
y en el pórtico oval gótico por donde brillan
ojos ojivados del Van der Goes o del Memling
ventanitas son de monasterio oscuro, oscuro,
irisados bajo la garúa nacen y mueren,
rojos, verdes, azules en pugna con el gris
de calamidad de Lima, y el marchito tiempo
al fondo, tiempo que lloro, plúmbeo marco
como los de Leonardo…
En tanto sostengo el remo, el bracito nacarado,
el cáñamo japonés, el tallo de la flor de Rhodesia,
en el mar desencadenado y en la albúmina excesiva
como de tuberculoso de Lima, y en la alegría
de su boca, música del Corelli, campanita
solar del valle mientras tiembla mi corazón
y llegar al puñal no oso, y por fin mi vida es
junto con la de la imaginación aunque sólo
sean unos segundos -siempre son unos segundos,
estos que son la vida de los que no han perdido
su libertad ni jamás se la dejarían arrebatar
por sobre todas las cosas y pueden predecir
la sequía o la cosecha de la gavilla,
aunque los pueblos estén de duelo
por los gavilanes y los guerrilleros,
ah Nacimiento, ah Muerte, volver a partir
desarrebujando las velas, aún más remendadas,
ah Niñez, ah Juventud, ah Gravidez, ah Vejez
del Amor, y los astutos dioses haciéndonos
las espaldas y las olas creciendo, siempre creciendo…
(De Crónicas contra los bribones)
Descansa en paz, hermano mayor


